¡Vaya momento para hacer el torpe! Matarías a tu compañera de laboratorio, pero sabes que no es necesario. El líquido que chorrea de la botella rota en el suelo matará a todos en la habitación muy pronto… No hay tiempo para reproches, tú y tus compañeros debéis trabajar juntos si queréis sobrevivir.

Habéis estado trabajando para el profesor Felsman durante algún tiempo. No era un hombre agradable.

No demostró bondad en absoluto. Pero era el mejor en su especialidad.

El profesor nunca abandonaba el laboratorio si había alguien más en él, y todas las sustancias peligrosas estaban bajo control. Y no de una manera normal. El profesor Felsman era un “conspiranoico”. Siempre mirando sobre su hombro, con miedo de que alguien fuera tras sus descubrimientos. Las únicas personas en las que realmente confi aba eran su hijo y su hija.

Sus problemas de confi anza y teorías conspirativas hacen todavía más raro que dejase esa botella verde sin vigilancia esa tarde. Se fue con prisas, dejándose el sombrero y el abrigo en el perchero. El profesor no iba a ninguna parte sin su sombrero. Él solo gritó: “¡poned esa botella en el armario y hagáis lo que hagáis, no la dejéis caer!” Nadie sabe en qué estaba trabajando el profesor, pero era algo importante. Lo único que nos dijo es que haría mucho bien en las manos correctas, pero que en las manos equivocadas, podía cambiar el Mundo a mucho peor...

Las manos de nuestra compañera eran las manos equivocadas. A menos de tres pasos del armario, los nervios pudieron con ella. Supimos que estábamos ante un problema serio porque sus ojos se pusieron en blanco y se colapsó. Parecía que todo pasaba a cámara lenta cuando la botella cayó al suelo y se hizo añicos por toda la sala. Los vapores provenientes de la botella nos llenaron los pulmones enseguida.

Habéis llamado inmediatamente al profesor, pero parece que tenía sus propios problemas. Corría y respiraba agitadamente. Las únicas palabras que habéis podido entender por la mala conexión son “idiotas”, “muertos en una hora”, “antídoto” y “caja fuerte”. Luego se ha cortado. Habéis vuelto a llamar pero sale el buzón de voz. Sabéis que no hay tiempo que perder y que nadie os puede ayudar...

Empujáis a un lado el carro y examináis la caja fuerte: está cerrada. Intentáis abrir los cajones de su mesa: uno solo está abierto. Lo que encontráis en el cajón puede demostrar ser vital, ¡es vuestra única esperanza!