Viajáis en coche con vuestro amigo Max, conduciendo en mitad de la nada y en dirección a vuestra casa de vacaciones. ¡Lleváis la música puesta y os sentís maravillosamente!

De pronto, se oye un gran estruendo y el coche se detiene en seco. Bajáis del coche. ¡Qué desastre! Habéis arrancado la parte de abajo del coche y el parachoques se ha desprendido. La cosa no pinta bien. Intentáis llamar al servicio de asistencia en carretera pero no tenéis cobertura.

Camináis por la carretera con el teléfono levantado con la esperanza de obtener señal en algún momento, pero no hay suerte.

De pronto, veis una señal desgastada por el paso del tiempo: gasolinera a 1 km. ¡Eso sí es tener suerte! Así que os decidís a empujar el coche. Cuando llegáis a la gasolinera estáis exhaustos. Para vuestra sorpresa hay un pequeño garaje escondido detrás de la gasolinera. Parece que el destino está de vuestro lado.

El empleado de la gasolinera, atento pero extraño a la vez, echa una rápida mirada al coche y dice: “Una avería como esta no se ve todos los días. Hasta mañana por la mañana el coche no estará listo para que podáis continuar el viaje.” El hombre es tan amable que os invita a pasar la noche con su familia en La casa del lago.

“Yo me quedaré un rato más reparando el coche, pero la casa queda muy cerca”, dice. “Si salís ahora llegaréis allí antes de que haya anochecido por completo y podréis cenar con toda la familia Fisher... ¡Nos vemos luego!” “Ah... La casa es muy sencilla y no hay teléfono, así que espero que no os importe pasar con lo básico.”