Con la cara pálida, Natalie avanza trastabillando en una jungla densa e irregular. Y cuando finalmente cae, antes de perder la consciencia murmura: “¡Uy!, en qué lío me he metido esta vez... si no hubiera comprado esa maldita estatua del mono...”

Te despiertas sobresaltado. Aparentemente, te has quedado dormido justo en medio de la clase de matemáticas de Mister Collins. ¡Qué sueño tan extraño y tan real! Natalie, tu antigua amiga y compañera de clase, lleva un año desaparecida. Y ahora, ¡aparece repentinamente en tu sueño! Miras alrededor aturdido y te das cuenta de que a tus amigos les ha pasado lo mismo. Inmediatamente ves que Mister Collins os está mirando –a ti y a tus amigos– con cara de enfadado y sus brazos cruzados sobre el pecho.

¡Uy! ¡Uy!¡Uy!... esto huele a castigo.
Mientras el resto de la clase abandona el aula, tú, tus amigos y Casper, el Rey de las fugas, os quedáis sentados. Para tu sorpresa, cuando le cuentas el sueño a tus amigos ¡parece que todos habéis tenido exactamente el mismo sueño! Debió tratarse de una especie de visión.

Uno de vosotros dice: «Antes de desaparecer, Natalie contó que había comprado una estatua de un mono en Zimbabue. Eso debe ser de lo que hablaba en el sueño. ¡Apuesto a que si encontramos la estatua, podremos saber qué le ha pasado!. 

«Solo hay un pequeeeeño problema», añade otro de vosotros. «Probablemente la estatua sigue en la habitación de Natalie en la casa que el nuevo propietario va a demoler en exactamente una hora a partir de este momento. Eso significa que solo tenemos una hora para escapar del castigo, colarnos en la antigua habitación de Natalie, encontrar la estatua del mono y resolver el misterio. ¡Uf!...» Pero Mister Collins interrumpe vuestra conversación y os separa.

Ha comenzado el castigo. Detrás vuestro, oís a alguien toser. Es Casper, que os entrega una nota que parece tener tareas de matemáticas. Está firmado con “Me debes una. Casper, el Rey de las fugas.”